Dos sucursales, un reloj. Buenos Aires recibe paquetes y arma pallets; los camiones cruzan; San Lorenzo desarma, loguea, clasifica y despacha. Cambiá cualquier tasa mientras corre.
Avanza de a 5 minutos. Cada tasa "por hora" se convierte en crédito por paso; cuando el crédito llega a 1 se procesa una unidad. Así una tasa de 150 paq/h procesa 12,5 paquetes por paso sin redondear de más.
Las llegadas son Poisson con la tasa indicada, modulada hora a hora por la variación. Cada paquete nace sólo con tamaño: en Buenos Aires nadie mira la dirección. Hay un solo pallet abierto: se llena al ritmo de armado y se cierra por capacidad o por edad. Un camión en playa parte apenas hay pallets cerrados suficientes para llenarlo, o cuando el pallet cerrado más viejo superó la espera máxima. El viaje dura lo indicado por un factor lognormal con la variabilidad; la vuelta usa el tiempo nominal.
Al descargar, los pallets entran en cola. Desarme, logueo y clasificación son tres colas FIFO en serie, cada una con su tasa, activas sólo dentro del turno. Al loguear se lee la dirección y recién ahí el paquete recibe su localidad (según los pesos de la tabla de destinos); al clasificar se comprueba si algún tipo de vehículo admite ese tamaño. En cada horario de salida, cada unidad libre elige la localidad con más paquetes admisibles, carga hasta su capacidad y sale. El viaje dura 2·km/velocidad + paradas·min/parada; el paquete j se entrega a los km/velocidad + j·min/parada.
Si los pallets cerrados en Buenos Aires se ponen naranjas, faltan camiones o sobra espera máxima. Si en San Lorenzo crece la cola de logueo, el cuello es la gente que lee direcciones, no los camiones. Si un destino acumula sin bajar, la flota no llega a ese tamaño o a ese horario.